17 de octubre de 2008


Nos hemos quedado mirandonos un poco incomodos, sin saber que decir. Yo tengo tantas preguntas que quiero hacerte y no me animo, vos tenés tanto miedo de que te las haga. Me calla el miedo de perderte, para ganar tiempo enciendo un cigarrillo, sonrío tontamente, digo algo estupido sobre cualquier cosa.
Qué pasó en realidad? Por qué nos convertimos en estos dos extraños sin ganas de nada? De repente me acuerdo de todos los consejos que me dieron algunos amigos, "no lo presiones", "deja que sea él el que decida", "dale tiempo", "no le hables de..", "no le digas que.."; conviene, no conviene.
Por qué tengo que hacer las cosas que convienen si no son las cosas que quiero hacer?
Por qué no puedo decirte lo que necesito decirte? Casi, Casi te jugaste por mí. Mirás la hora ent u reloj, disimuladamente, no te animas a decirme que es tarde, que te están esperando; que vas a empezar de nuevo y yo no estoy en tu nuevo comienzo, que haga lo mismo.
Todavía no te animás a decirmelo pero yo te entiendo. Por qué te entiendo? Porque te conozco.
Por qué siempre tengo que entenderlo todo aunque vos no abrás la boca? Nos paramos, me abrazás muy fuerte como si fuera la última vez que lo vas a hacer, me mirás y te vas.

0 comentarios: